Verano adentro: saber lo que se sabe.
«Nunca se conoce lo cierto. Se sabe lo que se elige. Detrás hay más. Detrás está la verdad, la simple coincidencia de los hechos con las palabras que los representan. Yo soy tú.» HARU
Queremos abrir una grieta en aquello que damos por cierto: quiénes somos, qué necesitamos, hacia dónde debemos ir.
Creemos conocer nuestra vida porque sabemos nombrarla. Decimos: estoy bien, tengo que seguir, esto es lo que quiero. Pero, a veces, las palabras no alcanzan a representar lo que verdaderamente sucede dentro.
Detrás de cada «tengo que» puede haber un deseo silenciado.
Detrás de la prisa, un miedo.
Detrás de la productividad, una necesidad de reconocimiento.
Detrás hay más.
El verano puede ser un espacio para acercarnos a eso que permanece cuando disminuye el ruido, la verdad que hay detrás cuando dejamos de responder automáticamente.
Más allá del ruido mental
El ruido no procede solo del exterior. También está la voz que nos compara, la que nos exige aprovechar el tiempo, la que convierte incluso el descanso en otra tarea. Es la voz del ego que intenta protegernos mediante el control, la anticipación y la necesidad de reconocimiento. El ruido nos hace confundir la voz del ego, con la totalidad de lo que somos.
Ir más allá del ego significa ampliar la escucha y permitir que, junto al pensamiento, aparezcan también el cuerpo, la emoción, el cansancio, el deseo y el silencio.
Te propongo un verano para recordar quién eres cuando no estás intentando demostrar nada.
Algunas prácticas de escucha:
Deja espacios sin llenar
Una mañana sin agenda. Un paseo sin destino. Una tarde sin la obligación de convertirla en algo especial.
Al principio puede aparecer inquietud. Permanece un poco más. El vacío no siempre es ausencia. A veces es el lugar donde la vida vuelve a hablar.
Escucha el cuerpo antes de responder
Antes de decir que sí, haz una pausa.
¿Cómo cambia tu respiración?
¿Sientes calma o tensión?
¿Hay deseo de hacer o miedo a decepcionar?
El cuerpo no tiene todas las respuestas, pero guarda una información que la mente suele ignorar.
Distingue el deseo de la exigencia
La exigencia habla con urgencia: deberías hacer más. Tienes que aprovechar el verano. Ya tendrías que saber qué quieres.
El deseo verdadero suele ser más silencioso. Aparece como una curiosidad, una inclinación suave, una sensación de vitalidad.
Cuando surja un «tengo que», pregúntate:
¿Lo quiero?
¿Lo elijo?
¿Qué ocurriría si no lo hiciera?
Reduce las voces ajenas
No busques hacerlo bien. Simplemente vuelve al cuerpo. Sentir antes de nombrar. Percibir antes de juzgar.
A veces no sabemos qué deseamos porque estamos demasiado expuestas a los deseos de los demás.
Elige algunos momentos de silencio y pregúntate:
¿Qué necesito cuando nadie me está mostrando cómo debería vivir?
Tal vez descubras que tu descanso no se parece al de nadie. Y que eso está bien.
Deja de buscar afuera, tú ya estás aquí.
La verdad interior no es una respuesta definitiva. Se nos presenta como un instante de coherencia entre lo que sientes, lo que dices y lo que haces.
Un sí que nace entero.
Un no que no necesita justificarse.
Un cuerpo que puede, por fin, respirar.
Este verano, quizá la práctica sea escuchar lo que ya te está llamando.
Debajo de las obligaciones.
Detrás de las explicaciones.
Más allá de la persona que crees que debes ser.
Allí donde el ruido se aparta.
Allí donde puedes reconocer:
Yo soy tú. Tú eres parte de mí.
Y comienza un NUEVO AMOR…
¡Feliz Verano, feliz encuentro contigo!
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